Las claves de una buena relación perro y bebé.

bebeClaves para empezar con buen pie la relación del bebé y el perro, y señales que nos indican que será maravillosa. Adoramos a nuestra mascota. Hasta hace muy poco, él era el único que ocupaba nuestras tiernas miradas, las largas siestas en el sofá, los paseos bajo el sol… Pero llega un bebé y la vida nos cambia por completo. No sólo a nosotros, también al perro. Un bebé es una fuente de estrés enorme hasta para el cuadrúpedo más tranquilo. Desde el punto de vista del animal, su manada aumenta con un miembro nuevo al que no sabe en qué escalón de la jerarquía colocar porque apenas se mueve ni se relaciona. Además, ese nuevo miembro va a ocupar todo nuestro tiempo, y el perro se quedará en último lugar de prioridades. No es de extrañar que olvidemos nuestras obligaciones con nuestra antigua ‘manada’. Nuestra mascota puede estar llena de incertidumbre tratando de adaptarse a la nueva situación, pero además de eso, se encuentra con nuevos horarios de paseos, su cuenco vacío de pienso o agua, molesto debido al picor de parásitos por descuidos en los tratamientos para pulgas… Por ello, en primer lugar, si queremos que esto funcione debemos comprometernos a cumplir con nuestra parte del trato.

Una vez hemos decidido que queremos apostar por una manada nueva y feliz, comprendiendo que somos nosotros los responsables de que lleve esos adjetivos, empecemos por el principio. Y esto significa que debemos preparar a nuestros fieles amigos ya desde el embarazo. Igual que pintamos la habitación del peque o compramos pañales, nuestra mascota necesita preparativos, y mucho más sencillos que los del bebé. Simplemente, dejemos que el perro entre en la habitación que estamos preparando, olisquee los muebles nuevos, y se familiarice con los sonidos de los juguetes del pequeño. En esta fase, nosotros simplemente estaremos en una situación contemplativa. Si el animal mostrara excesivo interés por algún objeto, no dejemos que se fije con él, nunca le demos juguetes o mantitas para jugar que luego no deseemos que coja.

Cuando se acerca el esperado momento, como líderes de la manada estamos llenos de adrenalina, pensamos que podemos con cualquier cosa, y nos sentimos a menudo excesivamente seguros de nosotros mismos. Estamos deseando conocer al bebé y presentárselo a nuestro compañero de fatigas, pero no debemos precipitarnos. Analicemos la situación y antepongámonos a los obstáculos. El bebé ocupará todo nuestro tiempo, y aunque dispongamos de ayuda, querremos estar con él, no con el perro (seamos sinceros, ¡sobretodo si es el primer hijo!). Esto no lo va a entender el perro, así que armémonos de paciencia y analicemos nuestra situación personal. ¿Es posible que un familiar o amigo cercano se ocupe de la mascota los primeros días? Cuando el perro está acostumbrado a ello, es la mejor opción, porque hacer las presentaciones en una situación de relativo descanso será mucho más fructífero. No subestimemos este gran día, para el perro, una primera impresión cuenta mucho. La madre necesita contacto continuo con el bebé, especialmente si ha optado por la lactancia materna, y además llega agotada por el parto, no digamos más en caso de haber pasado por una cesárea. La madre, estamos de acuerdo, no es el miembro ideal para encargarse de los paseos, cepillados y demás cuidados del perro. Es el momento de que el otro miembro de la pareja se luzca desempeñando las tareas que precisa su nueva familia, ofreciendo apoyo,  escuchando y, cómo no, ocupándose de la casa y la mascota.

Dado que vamos a disponer de poco tiempo para el animal, seamos prácticos y reduzcamos las tareas. Si es un ejemplar de pelo largo, hagámosle un cómodo corte de pelo, si es una hembra no castrada, hablemos con el veterinario para utilizar algún método anticelo (él nos recomendará el mejor según nuestra situación individual), y no olvidemos tener al día sus tratamientos antiparasitarios y vacunas antes de que finalice el embarazo. Es muy útil adelantar vacunas y tener en casa las pastillas y pipetas preparadas para evitar posteriores olvidos. Incluso podemos ponernos una nota de aviso en la nevera. Es importante la salud de la mascota si queremos que conviva con un bebé.

Cuando llegue el día de las presentaciones, debemos tenerlo todo planeado, y no tirar de la improvisación. Guardaremos un pañal sucio y alguna prenda usada del bebé. Ese día debemos estar tranquilos y relajados (lo máximo que permita nuestra nueva situación noctámbula). Al llegar a casa, saludaremos a la mascota sin el bebé presente. Seguramente, el animal estará excitado al vernos, así que debemos esperar a que se relaje y esté tranquilo, como nosotros. Le ofreceremos el pañal y la prenda, para que los huela, mientras le hablamos con apremio. Lo ideal es presentar al bebé en un terreno neutro, así que lo más adecuado es sacar a pasear a nuestra mascota y hacer el encuentro con el bebé en un sitio de la calle donde el perro se encuentre a gusto.

Debemos elegir un lugar tranquilo al aire libre, no un parque lleno de otros niños o perros que distraigan a la mascota. Primero podemos pasear con ella (recordemos que, todavía, sin el bebé) y reducir su energía con algún juego. Una mascota bien desfogada es una mascota más inteligente. Entonces estaremos en situación de hacer las presentaciones. Retomemos la prenda o pañal y volvamos a acercárselo. El bebé estará cerca esta vez. Si la mascota muestra interés por el cochecito, dejémosle que lo huela. Si está tranquilo, adelante, cojamos al bebé y hablemos con voz calmada. El animal, por lo general, querrá olerlo, y debemos dejarle bajo nuestra atenta supervisión. Nos agacharemos un poco, dejando al bebé siempre por encima de la altura del perro. Podemos considerar que el ritual de presentación ha sido un éxito si el perro olisquea un poco al bebé con curiosidad, echa una rápida mirada a su amo, incluso mueve la cola sin excesivo entusiasmo, y después sigue interesado en su paseo. Será el momento de premiar con unas caricias y regresar a casa juntos. Algunos animales se sienten inseguros cerca de los cochecitos, por lo que es útil haber practicado paseos sin bebé con anterioridad (con el animal relajado, después de una carrera). También puede ocurrir que se le escape algún lamido, no deberemos castigarle por ello, pues es su instinto, pero si no deseamos que lo haga debería bastar con un rotundo no en el momento adecuado. Si el animal está muy excitado, puede que debamos plantearnos las presentaciones para otro momento, salgamos a dar un paseo juntos, cansemos un poco a la mascota y distraigámosla con otras cosas, y al regresar a casa volvamos a intentarlo.

Una vez en casa, es importantísimo respetar el ritual de la alimentación. Cuando se amamanta al bebé o se le da biberón, el perro puede estar presente en la misma habitación, pero sin reclamarnos atención. Es un momento íntimo con nuestro ‘cachorro’ y la mascota debe respetarlo.

Turid Rugaas es la autora de ‘El lenguaje de los perros: Las señales de calma’, se trata de un libro muy cortito pero muy recomendable para todo el que tenga o haya tenido perro, incluso para cualquier persona que, aun sin tener un especial apego por estos animales, desee interesarse un poco por aquello que nos tratan de decir. Esta mujer ha estudiado los gestos y posturas de los lobos y de los perros que entrena en su granja, hasta recopilar una especie de diccionario que echa por tierra muchas de las cosas que pensamos acerca de la forma de comunicación perruna.

Para el tema que nos ocupa, es útil saber que girar la cabeza, o dar la espalda, es una señal de calma, es decir, el animal quiere mostrar su huida ante una situación amenazante para él. Si el bebé esta inquieto o llora mucho, o simplemente es algo nuevo y extraño, puede que tu perro nos haga esta señal. Es positivo y significa que le cede espacio, pidiendo tranquilidad. No debemos obligar al perro a mirar y oler al bebé si nos muestra esta señal, hay que ir al ritmo que nos pide. Por el contrario, mirar fijamente y con la cabeza alta es amenazador, y debemos por tanto evitar el encuentro.

Lamerse el hocico con movimientos rápidos, sentarse cuando nos acercamos con el bebé, o darnos la espalda, son otras señales de calma. Indican que todo va bien, pero además, piden paz, que las cosas vayan despacio, tengámoslo en cuenta. A veces el perro bosteza y se lame cuando un niño lo abraza y agobia, es la forma de pedir que le dejen en paz un rato, pues la situación le resulta incómoda (los abrazos son humanos, no perrunos). Enseñar a nuestro hijo el lenguaje del perro a medida que crezca será enormemente enriquecedor para la relación entre ambos.

Interponerse es una señal de calma que malinterpretamos. Cuando abrazamos a alguien, como podría ser el bebé, puede que el perro salte hacia nosotros para impedir el abrazo. No es agresividad. La situación es tensa para el animal y quiere acabar con ella. Piensa que hay un conflicto entre las personas que se abrazan, por eso a muchos perros los abrazos de los niños les agobian. No es una situación natural para ellos y si al perro no le gusta, al niño hay que explicarle que no puede estrujar al perro a discreción. Como los abrazos entre personas sí nos gustan, habrá que redirigir el comportamiento del perro

cuando intente impedirlos. En caso de bebés, deberán acostumbrarse poco a poco, y nosotros podemos contestar con las mismas señales de calma para indicarle al perro que disminuya su energía. Podemos darnos la vuelta, esquivar su mirada, o interponernos entre el perro y el niño.

Por tanto, introducir al bebé en casa debe ser algo tranquilo, agradable, no una imposición, y debe hacerse en una atmósfera igualmente tranquila y que nosotros podamos controlar. Habrá que tener en cuenta a nuestra mascota en los preparativos de la llegada del bebé, tanto en lo relativo a su educación como a la puesta a punto en salud. Por último, dediquemos cada día unos minutos a nuestro fiel amigo, no dejemos de jugar un poco con él, darle largos paseos… No debemos dejar de acariciarlo cuando se nos acerque con el bebé en brazos (siempre y cuando se muestre tranquilo) Observándole podemos ir descubriendo cómo intenta comunicarse con nosotros y así adaptar mejor los cambios a su mundo, disfrutando aún más de su incondicional amistad.

 

Mónica Gómez Moreno

Veterinaria y Residente de Matrona

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